Acción de gracias por la beatificación de Enrique Shaw

  • 24 de diciembre, 2025
  • Buenos Aires (AICA)
En la parroquia del Pilar, en el barrio de Recoleta, recordaron al empresario y padre de nueve hijos enterrado allí, donde acudía diariamente a misa, que será declarado beato.

Numerosos fieles llenaron la parroquia de la cual Enrique Shaw era feligrés habitual y donde reposan sus restos, Nuestra Señora del Pilar, en el barrio porteño de Recoleta, en una misa de acción de gracias por el decreto del Dicasterio para la Causa de los Santos reconociendo un milagro por su intercesión.

"La alegría del decreto firmado por el Papa León XIV es tan grande que unimos nuestros labios a los de María para cantar la grandeza del Señor manifestada en la vida de Enrique Shaw. Hacemos nuestro el espíritu del Magníficat", dijo en la homilía el párroco, presbítero Gastón Lorenzo.


A dos días de celebrar la Nochebuena, el lunes 22 de diciembre, a las 19.30, el sacerdote señaló que "la liturgia de la Iglesia propone meditar el canto del Magníficat, es decir, aquella oración que el Evangelio pone en labios de María como una expresión de gratitud por las maravillas de Dios".

Concelebraron la misa los presbíteros Juan José Olivetto Pagni, del clero de La Plata, asesor nacional de la Acción Católica Argentina (ACA); Jorge Villafañe, asesor del consejo diocesano de la ACA de la ciudad de Buenos Aires; Hernán Giudice y Andrés Caminal.

Se trató de una celebración de la comunidad parroquial de donde el empresario y padre de nueve hijos que será beatificado, fallecido en 1961 a los 41 años, acudía a misa diariamente.

Además de descendientes y parroquianos, en el segundo banco estaban la presidenta de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), Silvia Bulla, entidad de la que Shaw fue fundador y primer presidente, y la presidenta la ACA, Claudia Carbajal, donde el futuro beato presidió la rama nacional de hombres. Al lado de esta última estaban su marido, Emilio Inzaurraga, ex presidente de la ACA y director nacional de Caritas, y Daniel Martini, directivo de ACDE.

A un costado del presbiterio estaba Fernán de Elizalde, que trabajó intensamente por ACDE en la postulación de la causa.

"Consciente de la función social de la empresa que tenía que dirigir -dijo el presbítero Lorenzo-, Enrique escribía en su diario acerca de la desproporción de su misión y la pequeñez de sus fuerzas: "Solo Dios es grande", se decía a sí mismo, poniendo su trabajo en las manos de Dios e imitando así el ejemplo de María, su socia, como le gustaba llamarla."

Citó un pensamiento de Shaw sobre su tarea en la Acción Católica: "No basta con ser católicos para que las cosas anden bien. Tenemos que ser muy, pero muy humildes, confiar en Dios y trabajar mucho; porque por ser una obra de Dios necesita más dedicación que si fuera nuestra".


"Signo de unidad y comunión"
El celebrante afirmó que Shaw buscó en todo momento ser "signo de unidad y comunión".

Destacó que "como esposo y padre al servicio de los suyos, uniendo la familia en torno a la eucaristía dominical y frente al altar de la Virgen de Luján, donde descansan hoy sus restos mortales; en la Armada, atrayendo con el ejemplo; en su labor dentro de la fábrica, dialogando con los sindicalistas a quienes consideraba socios importantes para lograr una eficaz gestión; al servicio de la Iglesia en ACDE, en la Acción Católica, en la Universidad Católica Argentina (UCA) y en el Movimiento Familiar Cristiano, reflejando que la fe no es únicamente un acto interior de la conciencia, sino que se encarna, se vive, se confiesa, se comparte; también da forma a instituciones, legislaciones y modos de organización".

Dijo que prueba de ello es la colaboración que prestó a los obispos argentinos en la preparación de la Pastoral Colectiva del Episcopado sobre la Promoción y la Responsabilidad de los Trabajadores, publicada en 1956.

Al finalizar la misa, se cantó el himno "Empresario de Dios", que exalta su vida de hogar como fiel esposo y padre fecundo, que educó en la fe a sus hijos. Y dice: "Empresario con sangre de obrero/que amabas al trabajador/ y la autoridad que tenías/la ejercías siempre en su favor". (Jorge Rouillon)