Mons. Cannavó invitó a ofrecer la propia vida como don al Señor
- 8 de enero, 2026
- Buenos Aires (AICA)
El obispo auxiliar porteño reflexionó sobre la Epifanía como revelación del Mesías y exhortó a poner los dones personales al servicio de Dios y de los hermanos más necesitados.
En la solemnidad de la Epifanía del Señor, monseñor Pedro Cannavó, obispo auxiliar de Buenos Aires, presidió la celebración eucarística en la catedral metropolitana, donde invitó a los fieles a contemplar la manifestación de Cristo como Rey y Salvador, y a renovar la entrega personal a Dios a través del servicio concreto a los demás.
Al reflexionar sobre el Evangelio, el prelado recordó a los Reyes Magos como "testigos privilegiados" del nacimiento de Jesús, hombres venidos de Oriente que reconocieron en el Niño al Rey que se hace presente en medio de la humanidad.
A partir de los dones que ellos ofrecieron -oro, incienso y mirra-, monseñor Cannavó propuso preguntarse cuáles son actualmente los regalos que cada creyente está llamado a presentar ante el Señor.
En ese sentido, subrayó que el primer don es la propia existencia. "Nosotros somos un regalo de Dios para nuestra familia y para nuestro entorno", afirmó, y agregó que la vida recibida debe ser ofrecida en el servicio a Dios y a los hermanos, comenzando por los más cercanos y extendiéndose especialmente hacia los más humildes y necesitados.
Muchos necesitan una mano para ponerse de pie
El obispo auxiliar puso el acento en quienes "no pueden devolver la gauchada", en aquellos que han quedado "al borde del camino" y requieren una mano que los ayude a ponerse de pie y a ser protagonistas de su propia historia.
"Hoy la mano de Dios son nuestras manos", expresó y exhortó a que sean manos que acaricien, bendigan y potencien la vida de quienes más sufren.
Monseñor Cannavó animó también a reconocer los dones, capacidades y potencialidades personales como regalos confiados por Dios para ser puestos al servicio de los demás.
"Un regalo es para dar", afirmó, y advirtió que no puede guardarse egoístamente, porque se trata de una expresión de amor y de entrega confiada al Señor.
Finalmente, invitó a los fieles a poner nuevamente sus vidas en las manos de Dios, reconociendo en el Niño envuelto en pañales y sostenido por la Virgen María al Dios Salvador, Mesías y Señor. "Volvemos a poner en tus manos aquello que vos nos diste", concluyó, renovando la fe y la adoración propias de la Epifanía.+