Año Jubilar de Esquiú: palabras de gratitud y memoria de fray Emilio Andrada

  • 13 de enero, 2026
  • San Fernando del Valle de Catamarca (AICA)
En una celebración en San Pedro de Alcántara, el religioso recordó el testimonio franciscano y el servicio a la fe, a la unidad y al bien común del beato, a 143 años de su fallecimiento.

En la iglesia San Pedro de Alcántara, colmada de fieles y peregrinos, se celebró el 143º aniversario de la muerte del beato Mamerto Esquiú, con una ceremonia que dio inicio al Año Jubilar por el Bicentenario de su nacimiento. La Eucaristía y el acto conmemorativo se desarrollaron en un clima de gratitud y fervor popular.

El mensaje central estuvo a cargo de fray Emilio Andrada, ministro provincial de la Orden de Frailes Menores, quien agradeció especialmente al obispo de Catamarca, monseñor Luis Urbanc, por impulsar esta conmemoración jubilar en el marco del camino diocesano. También saludó a las autoridades presentes y destacó, de manera particular, la presencia de los numerosos fieles que se acercaron al templo, tan ligado a la memoria franciscana y eclesial de la provincia.


Al reflexionar sobre el lema del Año Jubilar -"Beato Mamerto Esquiú, apóstol, ciudadano y servidor de la unidad"-, fray Andrada subrayó el núcleo del testimonio del beato catamarqueño: una vida entregada plenamente al servicio de Dios y de su pueblo. Lo describió como un apóstol que supo saberse enviado, no solo por su palabra predicada y escrita, sino sobre todo por la coherencia de su vida.

Humildad, compromiso y espíritu de comunión
El fraile recordó que Esquiú sirvió a Jesucristo al estilo de san Francisco de Asís, con humildad, compromiso y espíritu de comunión, y que su misión trascendió el ámbito estrictamente religioso, aportando también a la unidad y organización de la Patria en momentos decisivos de su historia.

En ese contexto, fray Andrada señaló la responsabilidad que asume hoy la Orden de los Frailes Menores en el acompañamiento de la causa de canonización del beato Mamerto Esquiú, e invitó a toda la comunidad a sostener este camino con la oración y la esperanza.

La celebración concluyó entre prolongados aplausos, reflejo de una comunidad viva y agradecida. La masiva concurrencia, poco habitual en tiempos recientes, fue interpretada como un signo elocuente de la vigencia de la figura del beato Esquiú y del profundo afecto que el pueblo catamarqueño mantiene hacia quien fuera su pastor y servidor.+