El Card. Rossi propone 'educar antes que castigar' a los jóvenes
- 2 de febrero, 2026
- Córdoba (AICA)
El arzobispo de Córdoba reflexionó sobre las Bienaventuranzas y advirtió sobre los riesgos de castigar a los jóvenes sin haberlos cuidado y acompañado a tiempo.
En su homilía dominical, el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi SJ reflexionó sobre el Evangelio de las Bienaventuranzas, y ofreció una prédica enraizada en la realidad de la sociedad y en sintonía con el reciente mensaje de la Conferencia Episcopal Argentina, que invita a priorizar la educación, el acompañamiento y la construcción de comunidad.
Al contemplar a Jesús proclamando las Bienaventuranzas, el cardenal Rossi recordó que el Señor habló a gente sencilla, familias golpeadas por la pobreza, el dolor y la incertidumbre. Subrayó que Jesús "no impuso normas, sino que mostró un camino de felicidad posible, una alegría verdadera que no es ingenua ni superficial, sino una alegría que conoce la cruz y nace del amor".
El arzobispo vinculó esta mirada evangélica con el debate actual sobre la baja de la edad de imputabilidad, advirtiendo sobre el riesgo de llegar tarde con los jóvenes: "Es triste ver que tenemos que llegar a nuestros jóvenes a través del castigo y llegar tarde. Frente al fracaso de lo que no supimos cuidar, contener y educar, la única respuesta que se propone es más pena, más encierro, más dolor".
El purpurado señaló la importancia de alternativas constructivas: "Es triste tener que castigar en vez de contener, encadenar en vez de abrazar. Es triste proponer como solución una celda y no un aula, una canchita de fútbol en el club o en nuestra parroquia".
Retomando una reflexión del jurista catamarqueño Rodrigo Morabito, el cardenal recordó que "el derecho penal no repara lo que el Estado, la sociedad y la Iglesia no supimos cuidar a tiempo".
El cardenal Rossi advirtió también sobre la facilidad de criminalizar a los jóvenes más vulnerables, sin asumir con igual firmeza la responsabilidad de los adultos y de los sistemas que generan exclusión, violencia y abandono.
Por último, subrayó que proteger a la sociedad no implica solo sancionar, sino prevenir, acompañar y estar presentes a tiempo. Las Bienaventuranzas -afirmó- siguen siendo hoy un camino contracorriente y profundamente humano, que invita a los cristianos a comprometerse con una felicidad posible, compartida y solidaria.
Encomendó especialmente a los niños y jóvenes a la intercesión de la Virgen María, y pidió no perder la esperanza ni la capacidad de cuidar, abrazar y acompañar, sobre todo a quienes más lo necesitan.+