A los hijos de la "amada Siria" nacidos y criados bajo los bombardeos, los traumas y sufrimientos impuestos por una guerra de martirización, que ha durado ocho años. Es a ellos que el papa Francisco dedicó el primer domingo de Adviento, encendiendo durante el Ángelus en la Plaza de San Pedro, una vela como símbolo de "paz en este tiempo de esperanza que lleva a la Navidad y la cercanía a todos los demás países que viven en conflicto".
"No se puede hacer con los refugiados sirios lo que se hizo con los palestinos, que han estado viviendo en campamentos de refugiados durante los últimos 70 años. No podemos hacer eso", advirtió el patriarca maronita cardenal Bechara Boutros Rai a los periodistas que lo esperaban en el aeropuerto de Beirut, de regreso de Roma y rumbo a Irak para participar en los trabajos de la 26ª reunión del Consejo de Patriarcas Católicos de Oriente.
"En ustedes y en los habitantes de la amada Siria vemos a Jesús que sufre", escribió el papa Francisco en la carta que envió a los sacerdotes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, Fray Hanna Jallouf OFM y Fray Louai Bsharat OFM, en respuesta a la carta que ellos le enviaron al pontífice haciéndolo partícipe del sufrimiento cotidiano de las comunidades cristianas en Siria.