Las bandas criminales atacaron varios edificios públicos -incluidas las cárceles- y privados, entre ellos el hospital católico 'San Francisco de Sales', en Puerto Príncipe.
El Santo Padre condenó el atentado en una parroquia en que se estaba celebrando la misa y en el que fueron asesinadas quince personas.
El obispo de Dori calificó al ataque de "terrorista", e invitó a orar por los fallecidos y también "por la conversión de quienes siguen sembrando muerte y desolación en nuestro país".
Seis hermanos del Sagrado Corazón fueron secuestrados por grupos armados cuando se dirigían a una escuela, mientras que un sacerdote fue capturado después de celebrar misa en Puerto Príncipe.