Viernes 2 de enero de 2026

Buenos Aires: un llamado a custodiar una paz frágil y desarmada

  • 2 de enero, 2026
  • Buenos Aires (AICA)
En una misa presidida por el nuncio, se destacó el pesebre como escuela de humanidad y se exhortó a rechazar toda forma de violencia cotidiana y tecnológica para hacer crecer la reconciliación.
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En la catedral metropolitana de Buenos Aires se celebró el 1º de enero la misa por la Jornada Mundial de Oración por la Paz, en el marco de la solemnidad de Santa María Madre de Dios. La Eucaristía fue presidida por el nuncio apostólico, monseñor Miroslaw Adamczyk, y concelebrada por los obispos auxiliares Pedro Cannavó y Alejandro Pardo.

La homilía estuvo a cargo del presbítero Ignacio Díaz, quien invitó a comenzar 2026 contemplando el misterio de Belén como una clave decisiva para comprender y construir la paz. Partiendo de la escena del pesebre, subrayó la elección divina de la fragilidad como camino de salvación: Dios no irrumpe con imposición ni violencia, sino como un Niño confiado al cuidado de María y José.

El predicador señaló que María, silenciosa y contemplativa, enseña una actitud fundamental para el tiempo presente: guardar en el corazón la acción de Dios y cuidar lo que crece en lo pequeño. Desde esa perspectiva, vinculó la solemnidad mariana con la 59ª Jornada Mundial de la Paz y el mensaje del papa León XIV, centrado en una paz "desarmada y desarmante", nacida del amor y no de la fuerza.

La paz auténtica brota de corazones capaces de amar
Al referirse a la realidad actual, el sacerdote advirtió que la paz auténtica no puede sostenerse en el miedo ni en equilibrios precarios, sino que brota de corazones capaces de amar y de renunciar a las violencias cotidianas: la indiferencia, el desprecio, el egoísmo y la ambición.

En sintonía con el magisterio reciente, mencionó también los nuevos escenarios de deshumanización, como la delegación de decisiones vitales a sistemas tecnológicos carentes de discernimiento moral.

En otro pasaje de su reflexión, invitó a "mirar alrededor" como ejercicio espiritual y ético, evocando a Baldomero Fernández Moreno y su poema Setenta balcones y ninguna flor. Desde esa imagen, exhortó a la comunidad cristiana y a la sociedad a transformar las múltiples oportunidades en gestos concretos de fraternidad, perdón y reconciliación, especialmente en una ciudad y un país marcados por heridas profundas.

Finalmente, afirmó que, aun en medio de la violencia y la fragmentación, los cristianos reconocen una flor que ya ha brotado: Jesucristo, el Príncipe de la Paz, pequeño y silencioso, pero portador de esperanza. Encomendó a María de Belén el nuevo año, pidiendo que crezca la paz en los corazones, en las familias y en la vida social, y que haya "más flores en los balcones" como signo de un mundo reconciliado.+