En la tradicional Misión de Verano, visitaron la zona del vertedero y del asentamiento Barrio Devoto 2. Durante cinco días compartieron momentos de oración, formación y cercanía con las familias.
La celebración fue presidida por el obispo Adolfo Canecín, quien alentó a vivir la fe desde la esperanza y agradeció la entrega misionera de quienes sirven en esta obra.
Los jóvenes en formación sacerdotal vivieron una experiencia de reflexión, comunión y cercanía con su obispo, monseñor Ramón Canecín. Fue en pleno corazón de los Esteros del Iberá.
En su despedida misionera, la Hna. María Teresa Castilla renovó su compromiso con la verdad, la justicia y la defensa de los más vulnerables, en una celebración marcada por la gratitud y la esperanza.