Lunes 2 de febrero de 2026

El Papa elogió el 'testimonio de paz y reconciliación' de los religiosos

  • 2 de febrero, 2026
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Al presidir la misa de la 30ª Jornada Mundial de la Vida Consagrada, León XIV agradeció el testimonio de los religiosos que permanecen como "baluartes del Evangelio" en zonas de conflicto.
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El papa León XIV presidió hoy, 2 de febrero, la misa en la Basílica de San Pedro, con ocasión de la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, elogiando a los religiosos y religiosas que permanecen como "baluartes del Evangelio" en zonas de conflicto.

"Con la fuerza de la gracia, también se embarcaron en iniciativas arriesgadas, convirtiéndose en presencia orante en ambientes hostiles e indiferentes, mano generosa y hombro amigo en contextos de degradación y abandono, testigo de paz y reconciliación en medio de escenarios de guerra y odio", dijo en su homilía en la celebración, que comenzó con el rito de la bendición de las velas.

León XIV dirigió su saludo a las comunidades que "ni se van ni huyen", sino que permanecen junto al pueblo, "incluso allí donde resuenan las armas y donde parecen prevalecer la arrogancia, el interés propio y la violencia".

"Prueba de ello son los numerosos bastiones del Evangelio que muchas de vuestras comunidades conservan en los contextos más variados y desafiantes", afirmó ante miles de consagrados y consagradas.

El pontífice subrayó que la presencia de estos religiosos, a menudo "despojados de todo", constituye una apelación a la "inviolable sacralidad de la vida", más elocuente "que mil palabras".

En la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor, el pontífice evocó el episodio bíblico de Jesús en el Templo como "icono de la misión" de quien elige la vida consagrada.


"Queridos hermanos y hermanas, la Iglesia les pide que sean profetas: mensajeros que anuncien la presencia del Señor y preparen su camino", afirmó.

León XIV recordó el ejemplo de los fundadores de órdenes religiosas, que vivían en "una tensión continua entre la tierra y el Cielo", desde el silencio de los claustros hasta los "desafíos del apostolado" y la "miseria de las calles".

En su homilía, el Papa, advirtió del riesgo de una sociedad en la que, "en nombre de una concepción falsa y reductiva de la persona", la fe y la vida parecen "distanciarse la una de la otra".

En este contexto, el Santo Padre desafió a los religiosos a dar testimonio de que cada persona, incluidos "los jóvenes, los ancianos, los pobres, los enfermos, los prisioneros", posee un lugar sagrado y es un "santuario inviolable".

Citando a Francisco, León XIV reiteró que la "nota característica de la vida consagrada es la profecía" y pidió a los presentes ser "fermento de paz y signo de esperanza".

"Cristo murió y resucitó para liberar a quienes, por miedo a la muerte, pasaron toda su vida dominados por la esclavitud", recordó, instando a los consagrados a mostrar al mundo el camino para "superar los conflictos y sembrar la fraternidad".

La reflexión papal también abordó las figuras de Simeón y Ana, descritas en el Evangelio como símbolos de la espera de Israel, para explicar que la vida religiosa enseña la "inseparabilidad entre el cuidado más auténtico de las realidades terrenas y la esperanza amorosa en las eternas".

"Queridos consagrados y consagradas, la Iglesia da gracias hoy al Señor y a cada uno de ustedes por su presencia, y los anima a ser, allí donde la Providencia los envíe, fermento de paz y signo de esperanza", concluyó León XIV.

La Jornada Mundial de la Vida Consagrada fue anticipada por una carta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, que definió la misión de estos hombres y mujeres como una "profecía de presencia".+