Miércoles 28 de enero de 2026

León XIV profundiza en la Dei Verbum y la misión de la Iglesia ante la Revelación

  • 28 de enero, 2026
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
En la audiencia general, el Papa subrayó la acción del Espíritu Santo, la unidad entre Escritura y Tradición y el deber eclesial de preservar y comunicar la fe viva.
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Durante la audiencia general celebrada este miércoles, el papa León XIV continuó su ciclo de catequesis dedicado a la constitución conciliar Dei Verbum, uno de los documentos centrales del Concilio Vaticano II. En su reflexión, el pontífice desarrolló tres ejes fundamentales para comprender la Revelación cristiana: la acción permanente del Espíritu Santo, la unidad inseparable entre la Sagrada Escritura y la Tradición, y la responsabilidad de la Iglesia como custodio del "depósito" de la fe.

El Santo Padre recordó que la fe cristiana no se funda en un recuerdo inmóvil del pasado, sino en una presencia viva. A partir de las palabras de Jesús en el Cenáculo, explicó que es el Espíritu Santo quien guía a la Iglesia hacia la "verdad completa", permitiendo que la Palabra de Cristo sea siempre actual. Aunque el Espíritu no añade una nueva revelación, sí hace posible una comprensión cada vez más profunda del Evangelio a lo largo de la historia.

En este sentido, León XIV subrayó que la Iglesia no se limita a repetir fórmulas, sino que, bajo la acción del Espíritu, transmite fielmente la enseñanza de Jesús en contextos culturales y sociales diversos, manteniendo intacta su esencia.

Escritura y Tradición
Al abordar la relación entre Escritura y Tradición, el Papa citó expresamente la Dei Verbum, recordando que ambas proceden de una misma fuente divina y constituyen una única realidad orientada a la salvación. Lejos de oponerlas, afirmó que la Sagrada Escritura vive dentro de la Tradición de la Iglesia, que la custodia, la interpreta y la encarna en la vida del Pueblo de Dios.


Evocando a los Padres de la Iglesia y al Catecismo de la Iglesia Católica, el pontífice recordó que la Palabra de Dios fue "escrita primero en el corazón de la Iglesia" antes de quedar fijada en textos. Esta afirmación, explicó, ayuda a comprender que la Biblia no es un libro aislado, sino el libro de una comunidad creyente que la recibe, la vive y la transmite.

León XIV insistió además en que la Palabra de Dios no está "fosilizada". Citando a san Gregorio Magno y san Agustín, afirmó que esta Palabra crece y se desarrolla en la vida de la Iglesia, permaneciendo siempre viva y fecunda.

El deposito de la fe confiado a la Iglesia
Al referirse al "depósito de la fe", confiado a la Iglesia, el Papa retomó la exhortación de san Pablo a Timoteo, subrayando que dicho depósito -contenido en la Escritura y la Tradición- debe ser conservado íntegro y transmitido con fidelidad. Custodiar, precisó, no significa inmovilizar.

Inspirándose en san John Henry Newman, explicó que la doctrina cristiana se desarrolla como una semilla que crece desde dentro sin perder su identidad. El Magisterio, ejercido en nombre de Jesucristo, tiene la misión de garantizar esta continuidad viva, evitando tanto la ruptura con la tradición apostólica como una rigidez incapaz de dialogar con la historia.

Finalmente, el papa León XIV apeló a la responsabilidad de todos los fieles -obispos, sacerdotes, consagrados y laicos- llamados a custodiar el depósito de la fe como una "estrella polar" en medio de los desafíos del mundo actual. Concluyó al recordar que, unidas bajo la acción del Espíritu Santo, la Escritura y la Tradición hacen posible una fe viva, capaz de responder a las preguntas del presente y de orientar el camino de la Iglesia en el siglo XXI.+