Jueves 15 de enero de 2026

Mons. Croxatto: 'Cerramos el Año Jubilar, pero no cerremos nuestros sueños'

  • 2 de enero, 2026
  • Neuquén (AICA)
Al clausurar el Año Santo 2025, el obispo neuquino invitó a sostener la esperanza, animarse a soñar una Iglesia cercana y proponer el amor como horizonte pastoral del tiempo que comienza.
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En la celebración de cierre del Año Santo 2025, el obispo de Neuquén, monseñor Fernando Croxatto, presidió la Eucaristía y pronunció una homilía marcada por la imagen bíblica de los sueños, inspirada en la figura de san José, y por una fuerte invitación a no perder la esperanza ni el amor como eje de la vida cristiana y eclesial.

A la luz del Evangelio, el obispo reflexionó sobre la relación de san José con los sueños, que fueron orientando sus decisiones fundamentales: acoger a María, proteger al Niño Jesús, huir a Egipto y regresar a su tierra. Desde esa contemplación, afirmó que también hoy Dios sigue hablando a través de los sueños, no como evasión de la realidad, sino como anhelos e ideales que despiertan cuando se afronta la vida con fe.

En ese marco, recordó el lema que acompañó el Año Santo: "Peregrinos de Esperanza", y citó palabras del papa Francisco para señalar que la esperanza cristiana impulsa a no quedarse en la rutina, la mediocridad o la pereza, sino a indignarse frente a lo que no está bien y a comprometerse en la transformación de la realidad, buscando la verdad, la justicia y la paz.

Iglesia misionera, sinodal y en salida
Monseñor Croxatto advirtió que cuando se deja de soñar, la vida se vuelve una carga y las personas corren el riesgo de caer en el pesimismo y la queja, una de las tentaciones que el papa Francisco señaló reiteradamente. En contraposición, destacó al pontífice como un gran soñador, capaz de proponer una Iglesia misionera, sinodal y en salida, que no se conforma con dejar las cosas como están.


Al clausurar el Año Jubilar, el obispo neuquino subrayó que ese cierre no debe significar el fin de los sueños, sino todo lo contrario: la continuidad de una Iglesia que camina junto a su pueblo, especialmente junto a los sencillos y pobres, atenta a la escucha, comprometida en levantar la esperanza y cercana a los más débiles y frágiles. Una Iglesia, dijo, que no teme "embarrarse", pero que es reconocida por quienes no cuentan y permanecen invisibles para la sociedad.

Mirando al año que comienza, propuso vivirlo como un "año santo por el amor", retomando una expresión de la encíclica Fratelli tutti: "Lo que no podemos perder es el amor; el mayor peligro es no amar". En esa línea, invitó a que comunidades, pastorales y movimientos tengan como meta central amar, como Cristo ama, convencidos de que el amor levanta y renueva la esperanza.

Finalmente, en la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, monseñor Croxatto encomendó a todas las familias -iglesias domésticas- para que vivan y recuperen la centralidad del amor, fuente de fraternidad y entrega. Con una oración a Jesús, María y José, concluyó pidiendo no cansarse de optar por la fraternidad y de custodiar el amor como don fundamental de Dios.+