Epifanía del Señor: el Papa invitó a buscar a Dios en la humildad y la gratuidad
- 6 de enero, 2026
- Ciudad del Vaticano (AICA)
En la Basílica de San Pedro, León XIV meditó sobre los magos y exhortó a la Iglesia a acoger la alegría del Evangelio, acompañar la búsqueda espiritual y reconocer a Dios en lo pequeño.
Misa de la solemnidad de la Epifanía del Señor (Vatican Media)
El papa León XIV presidió este martes la misa de la solemnidad de la Epifanía del Señor en la basílica de San Pedro, celebración con la que también clausuró el Jubileo Ordinario de 2025, dedicado a la esperanza, mediante el rito del cierre de la Puerta Santa vaticana.
En su homilía, el pontífice exhortó a la Iglesia a no buscar a Dios en el prestigio o el poder, sino a reconocerlo en las realidades humildes y en el dinamismo de quienes se ponen en camino.
Al comentar el pasaje evangélico de los magos, el Papa subrayó los contrastes que acompañan toda manifestación de Dios: alegría y turbación, deseo y miedo, apertura y resistencia. Recordó que, mientras los magos se llenan de gozo al ver la estrella, Herodes y Jerusalén se inquietan ante una novedad que desestabiliza seguridades.

"Ante la presencia del Señor nada permanece igual; este es el inicio de la esperanza", afirmó, al señalar que la revelación divina pone en marcha un proceso que compromete el presente y el futuro.
León XIV se detuvo especialmente en la reacción de Jerusalén, llamada a ser ciudad de los comienzos, pero turbada por la llegada de quienes, desde lejos, buscan al Mesías. Esa actitud, indicó, interpela hoy a la Iglesia, tentada a considerar una amenaza aquello que debería ser motivo de alegría.
El Jubileo nos mostró que los magos aún existen
El pontífice expresó su preocupación pastoral por la búsqueda espiritual de los hombres y mujeres de este tiempo, visibilizada en los millones de peregrinos que atravesaron las puertas jubilares durante el Año Santo.

"El Jubileo nos mostró que los magos aún existen", afirmó, refiriéndose a quienes, en un mundo complejo y muchas veces excluyente, se arriesgan a emprender un camino de búsqueda. El Evangelio, añadió, invita a la Iglesia a no temer ese dinamismo, sino a acompañarlo y orientarlo hacia el Dios vivo, que no se deja reducir a ídolos ni a esquemas de poder.
En este sentido, el Papa recordó que los lugares santos -catedrales, basílicas y santuarios- están llamados a ser signos de vida y no simples monumentos. "Deben difundir el perfume de que otro mundo ha comenzado", afirmó e invitó a preguntarse si en las comunidades cristianas hay espacio para lo nuevo que Dios hace nacer.
Al contraponer la alegría del Evangelio con el miedo de Herodes, León XIV señaló que el temor al perder el control conduce a la manipulación y a la mentira, mientras que la alegría cristiana libera y abre caminos creativos. El Jubileo, dijo, recuerda que siempre es posible recomenzar, porque el Reino de Dios ya está brotando silenciosamente en el mundo.
Las advertencias del pontífice
León también advirtió sobre los riesgos de una economía y una cultura que convierten todo en mercancía, incluso la búsqueda espiritual. Por eso, animó a que la experiencia jubilar eduque a reconocer en el visitante a un peregrino, en el desconocido a un buscador y en el diferente a un compañero de camino, protegiendo así lo que es santo, pequeño y frágil.

Hacia el final de la homilía, el Papa destacó que el Niño adorado por los magos es la manifestación de la gratuidad de Dios, un bien sin precio ni medida, que se deja encontrar lejos de los centros de poder. Esa fue, dijo, la alegría de los magos, que abandonaron palacios y templos para dirigirse a Belén y reencontrar la estrella.
Finalmente, el Santo Padre alentó a todos a seguir siendo "peregrinos de esperanza" y aseguró que la fidelidad de Dios continúa sorprendiendo a su pueblo. Invitó a no reducir las iglesias a espacios inertes, sino a convertir las comunidades en hogares abiertos, para que, guiados por María, la Iglesia pueda servir a una humanidad renovada por el amor del Dios hecho carne.+
