Mons. Conejero alentó a vivir iluminados por la Palabra y a pedir el don de la paz
- 22 de enero, 2026
- Formosa (AICA)
El obispo de Formosa destacó a Jesucristo como luz del mundo y exhortó a fortalecer la fe, la identidad bautismal y el compromiso cristiano.
Homilía dominical de Mons. Conejero Gallego
En la misa dominical celebrada en la catedral Nuestra Señora del Carmen, el obispo de Formosa, monseñor José Conejero Gallego presidió la Eucaristía y ofreció una homilía centrada en la Palabra de Dios, la identidad cristiana y la urgente necesidad de la paz.
Al comenzar su reflexión, el obispo recordó el gran anuncio proclamado durante el tiempo de Navidad: "La Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros", y subrayó que este misterio sigue iluminando la vida de la Iglesia aun cuando el tiempo litúrgico ya concluyó.
Invitó a dar gracias a Dios por la posibilidad de celebrar juntos la fe en medio de un mundo cambiante y conflictivo, marcado por tensiones, exceso de información y falta de silencio interior.
Monseñor Conejero señaló que Jesucristo, Palabra hecha carne en el seno de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, es quien da sentido a la vida, paz y alegría al corazón humano. En ese marco, destacó la importancia de la intención de oración propuesta por el Papa León para enero, centrada en orar con la Palabra de Dios, y animó a los fieles a leerla, meditarla y, sobre todo, ponerla en práctica.
Al comentar la primera lectura del profeta Isaías, remarcó el anuncio del Mesías como "luz de las naciones", expresión que da nombre a la constitución dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II. Recordó que recientemente se cumplieron 60 años de la clausura de ese acontecimiento eclesial, convocado por san Juan XXIII y continuado por san Pablo VI, y que el Papa invitó a releer sus textos en las catequesis de los miércoles.
Domingo de la Palabra de Dios
Asimismo, destacó la centralidad de la constitución Dei Verbum, dedicada a la Divina Revelación, y recordó que el domingo siguiente la Iglesia celebraría el Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el papa Francisco, en sintonía con la invitación a profundizar el contacto cotidiano con las Escrituras, especialmente con los Evangelios.
El obispo subrayó que, aunque existen numerosos libros espirituales valiosos, nada se compara con la Palabra inspirada por el Espíritu Santo. En ese sentido, alentó a aprovechar los medios disponibles para acceder a la liturgia diaria y comprometerse con la lectura y meditación del Evangelio del día.
Al referirse a la misión de la Iglesia, afirmó que también ella está llamada a ser luz de las naciones, porque es esposa de Cristo, y recordó que esa misión recae en todos los bautizados, llamados a ser sal y luz del mundo siguiendo a Jesús, la verdadera luz que vence las tinieblas.
Oscuridades personales y sociales
Monseñor Conejero advirtió sobre las oscuridades que atraviesan la vida personal y social, y afirmó que la unión con Cristo permite discernir los acontecimientos con la luz del Espíritu Santo. En ese contexto, retomó la enseñanza del apóstol san Pablo sobre la identidad cristiana como hijos de Dios y el deseo de gracia y paz para todos los pueblos.
La paz, señaló, fue una de las intenciones principales elevadas en la oración litúrgica, en un mundo atravesado por guerras, confrontaciones y tensiones ideológicas. Invitó a pedirla con insistencia y sinceridad, recordando que solo quien tiene la paz en el corazón puede transmitirla a los demás.
Al comentar el testimonio de san Juan Bautista, que señala a Jesús como el Cordero de Dios sobre quien desciende el Espíritu Santo, exhortó a los fieles a dar también testimonio de Cristo y a afirmar con convicción que solo Él es el Señor y Salvador.
Finalmente, el obispo animó a afianzar la fe y la identidad bautismal, asegurando que esa certeza es fuente de paz y alegría duraderas. Como pueblo de Dios, concluyó, los fieles elevaron la súplica por el don de la paz para el mundo entero, comprometiéndose a vivir como auténticos discípulos de Jesús.+
