Martes 13 de enero de 2026

Mons. Ojea: 'Contemplar a Cristo como el Cordero que carga el dolor del mundo'

  • 13 de enero, 2026
  • San Isidro (Buenos Aires) (AICA)
En su mensaje por la fiesta del Bautismo del Señor, el obispo emérito de San Isidro animó a acoger con humildad el amor que libera y a acompañar el sufrimiento de los hermanos.
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Con motivo de la fiesta del Bautismo del Señor, monseñor Oscar Ojea, obispo emérito de San Isidro, compartió su mensaje pastoral en el que invitó a los fieles a contemplar el inicio de la vida pública de Jesús y a profundizar en el misterio de su entrega amorosa por la humanidad.

Tras las celebraciones de la Navidad y la Epifanía, el prelado recordó que la liturgia introduce a la Iglesia en el Tiempo durante el Año, proponiendo la contemplación de las palabras y gestos de Jesús, comenzando por su Bautismo en el río Jordán. En ese contexto, destacó la figura de Juan el Bautista, subrayando su profunda devoción y respeto por Jesús, a quien reconoce como el que "existía antes", afirmando así su condición divina.

Monseñor Ojea centró su reflexión en la proclamación de Juan: "Este es el Cordero de Dios", señalando que esta expresión remite tanto al Cordero Pascual como a la imagen del Servidor sufriente. Explicó que Jesús, el Buen Pastor, se abaja y se hace Cordero, cargando con el pecado, el dolor y el sufrimiento del mundo, no sólo para quitarlos, sino para llevarlos consigo y transformarlos en fuente de salvación, liberación y purificación.

El anonadamiento de Cristo
Asimismo, vinculó esta imagen con el himno cristológico de la carta a los Filipenses, resaltando la actitud de anonadamiento de Cristo, que no retuvo su condición divina, sino que se hizo servidor. En esta clave, recordó también la profecía de Isaías sobre el Siervo de Dios, que sufre junto a su pueblo y acompaña el dolor humano desde dentro.

El obispo emérito elevó una súplica por las situaciones de sufrimiento que atraviesa la humanidad, especialmente por las guerras y conflictos que, como expresó, configuran una "tercera guerra mundial en pedazos". E invitó a pedir con humildad la gracia de recibir los frutos del amor del Cordero, para sentirse verdaderamente libres y, a la vez, comprometerse en el servicio y la liberación de los hermanos.

"Pidámosle al Señor con humildad poder recibir los frutos del amor", exhortó monseñor Ojea, impartió su bendición y animó a vivir esta fiesta como un llamado renovado a la fe, la esperanza y la caridad.+