Catamarca abrió el Año Jubilar por el bicentenario del natalicio del beato Esquiú
- 12 de enero, 2026
- San Fernando del Valle de Catamarca (AICA)
Con una celebración en el templo franciscano San Pedro de Alcántara, la diócesis inició un tiempo de gracia que se extenderá hasta mayo de 2027, en memoria del fraile y obispo catamarqueño.
Año Jubilar por el bicentenario del natalicio del beato Esquiú
La comunidad diocesana de Catamarca inició el Año Jubilar Diocesano con motivo del bicentenario del natalicio del beato Mamerto Esquiú. La celebración tuvo lugar en la noche del sábado 10 de enero, vísperas de la fiesta del Bautismo del Señor, en el templo San Pedro de Alcántara, perteneciente a la comunidad franciscana.
El Año Jubilar, que se extenderá hasta el 11 de mayo de 2027, se vive con el lema "Beato Mamerto Esquiú, apóstol y ciudadano, servidor de unidad", y propone a los fieles un tiempo especial de gracia en torno a la figura del fraile franciscano y obispo, profundamente ligado a la historia religiosa, social y política de Catamarca, bajo la protección maternal de la Virgen del Valle.
La apertura coincidió con el 143º aniversario del fallecimiento del beato Esquiú y con el Año Jubilar concedido por el papa Francisco por los 800 años del nacimiento de san Francisco de Asís, fundador de la Orden Franciscana, cuyo carisma marcó de modo decisivo la vida y misión del beato catamarqueño.

El templo se vio colmado por fieles, devotos y peregrinos, entre ellos los provenientes de Piedra Blanca, tierra natal del beato, que llegaron caminando acompañados por su párroco, el presbítero Carlos Robledo. También participaron autoridades municipales, encabezadas por la intendenta de Fray Mamerto Esquiú, profesora Alejandra Benavídez.
La celebración eucarística fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Luis Urbanc, y concelebrada por el vicario general, presbítero Julio Murúa; el provincial de la Provincia Franciscana de la Asunción, fray Emilio Andrada; el guardián y rector del templo, fray Julio Bunader; junto con numerosos sacerdotes de la diócesis y religiosos franciscanos de otras provincias. Asistieron además autoridades civiles, entre ellas el senador capitalino y presidente provisional del Senado, Ramón Figueroa Castellanos.
Al inicio de la misa, el presbítero Marcelo Amaya dio lectura al decreto episcopal por el cual se convoca formalmente a vivir el Año Jubilar Diocesano.
En su homilía, monseñor Urbanc destacó la importancia del lugar elegido para la apertura, recordando que allí el beato Esquiú desarrolló gran parte de su formación y ministerio, desde su adolescencia hasta su madurez sacerdotal y episcopal, al servicio de la predicación, la docencia y la vida pública.

Antes de la bendición final, el provincial franciscano, fray Emilio Andrada, agradeció al obispo diocesano por la iniciativa jubilar y resaltó la amplia participación de la diócesis, de las autoridades y del pueblo fiel. Al reflexionar sobre el lema del Año Jubilar, subrayó que Esquiú fue verdaderamente apóstol, ciudadano y servidor de la unidad, constructor de comunión y testigo coherente del Evangelio vivido al estilo de san Francisco.
La celebración concluyó con una oración por la pronta canonización del beato Mamerto Esquiú y, posteriormente, los presentes compartieron un acto cultural en la explanada del templo, dando inicio a un camino jubilar que invita a profundizar su legado espiritual y su testimonio de unidad y servicio.
Actos conmemorativos en El Suncho
En el marco del inicio del Año Jubilar Diocesano, cientos de fieles participaron en El Suncho de los actos conmemorativos por el 143º aniversario del fallecimiento del beato Esquiú, en el lugar donde entregó su vida al Señor. La jornada, desarrollada bajo la jurisdicción de la parroquia San Roque, combinó peregrinación, celebración litúrgica y reflexión comunitaria sobre el legado espiritual del beato.
Desde temprano, los peregrinos partieron desde la Plazoleta de los Niños, en la localidad de Esquiú, trasladando las imágenes de la Virgen del Valle, del beato Esquiú, su reliquia y la Virgen del Rosario, traída desde Alto del Rosario.

La misa fue celebrada en el sitio donde el beato "pasó a la Gloria", presidida por el presbítero Ángel Nieva, con la participación de sacerdotes franciscanos y autoridades provinciales.
En la homilía, fray Ronen Espósito destacó su testimonio de humildad, unidad y servicio, e invitó a vivir el Jubileo como un camino de reconciliación y fraternidad, que concluyó con la oración por su pronta canonización y un fraterno compartir comunitario.
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