Mons. Conejero llama a la verdadera felicidad: humildad, misericordia y paz
- 3 de febrero, 2026
- Formosa (AICA)
El obispo de Formosa destacó que la verdadera alegría no proviene del poder ni la riqueza, sino de vivir las bienaventuranzas que enseñó Jesús: ser pobres de espíritu, mansos y misericordiosos.
El obispo de Formosa durante la misa dominical en la catedral
El obispo de Formosa, monseñor José Conejero Gallego, presidió la Eucaristía del Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario en la catedral, y centró su homilía en la humildad y en la verdadera felicidad que propone el Evangelio.
Al iniciar su reflexión, el obispo señaló que la Palabra de Dios invita a amar a Dios y a los hermanos con un corazón sincero. En referencia a la primera lectura, tomada del profeta Sofonías, exhortó a buscar al Señor mediante la oración y el ayuno, y afirmó que Dios desea un pueblo humilde, pobre de espíritu y confiado plenamente en Él.
Monseñor Conejero advirtió que el ser humano suele buscar la grandeza, la riqueza y el éxito, aunque esas realidades no logran saciar el corazón ni otorgar la felicidad plena. En ese sentido, recordó el testimonio de los santos y afirmó que solo Dios basta y solo Él puede colmar al ser humano. También citó la primera carta de san Pablo a los Corintios, donde se destaca que Dios elige a lo pequeño y a lo débil para manifestar su sabiduría, y presenta a Jesucristo como verdadera sabiduría, justicia, santificación y redención.
El prelado se detuvo en el Evangelio de san Mateo, donde se proclaman las bienaventuranzas. Explicó que este pasaje constituye el inicio del sermón de la montaña y presenta las actitudes necesarias para alcanzar la verdadera felicidad. Subrayó que Jesús no identifica la felicidad con el poder, el dinero o el éxito, sino con la pobreza de espíritu, la mansedumbre, la misericordia, la pureza de corazón, la búsqueda de la paz y la fidelidad a la justicia, incluso en medio de la persecución.
Monseñor Conejero recordó que, según el Catecismo de la Iglesia Católica, las bienaventuranzas describen el rostro de Jesús, ya que Él mismo vivió cada una de ellas. Señaló además que la Virgen María y los santos reflejan este programa de vida al que están llamados los discípulos de Cristo.
El obispo reconoció que vivir las bienaventuranzas no resulta sencillo, especialmente ante la persecución o la injuria. Sin embargo, invitó a seguir la enseñanza de Jesús, quien pide rezar también por quienes hacen el mal y actuar con compasión y misericordia.
Por último, monseñor Conejero animó a profundizar y vivir este camino cristiano, especialmente en vísperas del tiempo de Cuaresma. Pidió al Señor la gracia del Espíritu Santo para comprender dónde se encuentra la verdadera felicidad y afirmó que, aun en medio del sufrimiento y la cruz, la esperanza en Cristo permite experimentar ya desde ahora una auténtica felicidad.+
